domingo, 14 de noviembre de 2010

Tan cotidiano como la espera

La sopa de auyama
caliente,
el humo acariciando la nariz,
la gripe retorcida,
el mantel tejido,
las flores amarillas;
el canto del ave enjaulado
en la casa de al lado.


El ruído de las motocicletas viejas,
frente a la casa oscura,
tejas gastadas,
frental verde, ventana azul.

Desde acá puedo mirar el momento
en que tus cartas llegan
pasivas
y delirantes de deseo,
donde describes tu amor en mis caderas.

Me quemo la lengua,
voy corriendo,
llegó el correo:
"Tengo que salir a dar unas vueltas
en unos minutos,
pero luego vuelvo.
igual estoy prendido a vos,
te pienso, te imagino, quiero besarte"

Se hace silencio,
el ave sigue atormentado mi espera.
Lavo el plato,
voy hasta mi silla blanca,
tomo un respiro,
de nuevo a esperar.
Seguiré mirando el frental verde-azul
de la casa oscura
y que las bajadas y subidas de las motocicletas
cuenten los segundos en que espero por ti.

1 comentario:

Álvaro Fernández dijo...

Leyendote me doy cuenta de que hace tiempo no sabía de un amor tan puro.
Que hermoso enamorarse así.

Me gusta mucho como escribes.
Beso